La primera gran transformación de la vida: verticalidad y la primera muerte de identidad

La verticalidad entre los 9–18 meses es la primera muerte de identidad del ser humano. Descubre cómo acompañarla desde conciencia, cuerpo y vínculo.

Entre los 9 y los 18 meses ocurre la primera gran transformación del ser humano: la verticalidad. No es solo un hito motor, es la primera muerte de identidad. Como mentora liminal acompaño este tránsito tanto en el niño como en la familia, que también cambia de forma profunda.

La primera muerte de identidad ocurre mucho antes de lo que imaginamos. Sucede entre los 9 y los 18 meses, cuando el niño pasa de habitar el suelo a conquistar la verticalidad. Este proceso, descrito por miradas como Pikler, Stern y Rogers, no es simplemente “aprender a andar”: es un cambio de estado profundo donde el cuerpo, la conciencia y el vínculo se reorganizan.

En este tiempo, el bebé deja de ser un ser sostenido para convertirse en un ser que se sostiene. Su mundo se ensancha. Su perspectiva cambia. Sus manos quedan libres. Su autonomía se enciende. Y con todo ello, muere una forma de identidad: la del ser horizontal. Aquí nace otra: la del ser que se alza, explora, se arriesga y se encuentra con el mundo desde otro lugar.

La familia también muere y renace

Como mentora liminal acompaño este tránsito doble. Porque cuando un niño se eleva, la familia también lo hace. La imagen del bebé en brazos se transforma en la del pequeño que camina, se aleja, vuelve, cae, se levanta. Esta mutación identitaria del niño convoca otra en los adultos: aparecen nuevas necesidades, nuevos miedos, nuevas expectativas y un nuevo rol parental que debe redistribuir energías, límites y presencia.

Los pilares que sostienen esta transición

  • Movimiento en Libertad (Pikler): el cuerpo madura sin interferencias ni aceleraciones.
  • Formulación del Juego (Arno Stern): la expresión se vuelve auténtica cuando no es dirigida.
  • Escucha Activa (Carl Rogers): el niño se atreve a ser cuando no teme ser juzgado.

Acompañar esta fase es sostener una frontera: un puente entre lo que muere y lo que nace. Es un trabajo profundo, físico y simbólico. Una alquimia familiar.

Las siguientes muertes de identidad a lo largo de la vida

Esta primera muerte entre los 9–18 meses abre un camino de transformaciones internas que todos atravesamos. Aquí tienes una lista clara de las siguientes “muertes” para poder explorarlas en futuras entradas del blog.

  • 1. La muerte del bebé dependiente — 9–18 meses: verticalidad y autonomía física.
  • 2. La muerte del yo omnipotente de la primera infancia — alrededor de los 3 años: aparece el límite, la frustración y el otro.
  • 3. La muerte de la fantasía como única realidad — 5–7 años: surge el pensamiento lógico y la estructura externa.
  • 4. La muerte de la identidad infantil — 9–12 años: conciencia social, autoimagen y comparación. Crisis de Rubbicon.
  • 5. La muerte de la identidad preadolescente — 11–14 años: transformación corporal y emocional.
  • 6. La muerte de la identidad familiar para abrir la adulta — separación psicológica de la familia. 18 años, mayoría de edad.
  • 7. La muerte de la identidad profesional inicial — 25–29 años: redefinición vocacional y propósito.
  • 8. La muerte de la identidad de pareja idealizada — 35 – 42 años: paso de la fusión al vínculo consciente.
  • 9. La muerte de la identidad reproductiva o productiva — 47–52 años: redefinición de sentido.
  • 10. La muerte simbólica del ego antiguo — 55 – 59 años: madurez: sabiduría, límites y regreso a la esencia.

Esta es solo la primera de muchas metamorfosis. En la próxima entrada exploraremos la segunda muerte: la del pequeño yo omnipotente que descubre el límite y la presencia del otro.

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